viernes, 30 de septiembre de 2011

Una Visión Ética de la Ciencia

Prof. María E. Romero




Hablar de ética asociada a la ciencia es hacer referencia al uso responsable del conocimiento científico en beneficio de la humanidad, ya que desde un punto de vista ético, el conocimiento es considerado como un medio para el progreso del hombre.
La relación entre ética y ciencia ha ido cobrando importancia progresivamente en el devenir histórico, hasta el punto de que en la actualidad se emplea el término “inteligencia ética de la ciencia”, el cual ha sido propuesto por autores tales como Martín (2008), para referirse a la intervención de los valores morales en el abordaje científico de problemas sociales.
El referido autor plantea el significado de la “inteligencia ética” tomando en consideración las ideas propuestas por Gardner (2000), quien define la inteligencia como un potencial biopsicológico para procesar información que se puede activar en un marco cultural, con el objeto de resolver problemas o crear productos que tienen valor para una cultura.
Partiendo de esta definición, Martín (ob.cit.) señala que en el contexto de la ciencia la inteligencia ética orienta el conocimiento científico como una actividad de sujetos moralmente responsables. En otras palabras, orienta el pensamiento crítico del investigador en relación a la actividad que realiza, desde una óptica de valoración del ser humano, considerando la forma en la cual el hombre puede ser afectado. De igual manera, esta inteligencia guía la conducta del investigador hacia la preservación de la vida, a nivel individual, social y ambiental.
Por otra parte, Martín (ob.cit.) analiza la inteligencia ética en la ciencia, asociada con el desempeño humano, desde la perspectiva de los paradigmas centrados en la bioética, la complejidad y el humanismo.
En relación al paradigma biocéntrico, este autor considera que el conocimiento científico debe estar dirigido a la búsqueda, descubrimiento e implementación de mecanismos que promuevan una relación armónica y equilibrada del hombre con la naturaleza, con el objeto de que pueda asumir una actitud de respeto, valoración y protección de la vida.
En lo que respecta al paradigma de la complejidad, Martin (ob. cit.) plantea que el conocimiento científico debe ser nutrido por la inteculturalidad, en un sentido de aceptación y tolerancia de la diversidad, del pluralismo que nos diferencia y al mismo tiempo nos integra en la búsqueda de un punto de encuentro, de equilibrio, de coincidencia, tanto en el pensar como en el actuar.
En atención a este planteamiento, cabe destacar que la jurisprudencia, es decir los organismos que establecen la normativa legal en materia de investigación a nivel internacional, nacional, regional, local o institucional, pueden servir de mediadores para la integración de la pluralidad, mediante el establecimiento de pautas de acción que deben ser asumidas por investigadores provenientes de diferentes contextos y pertenecientes a distintas corrientes de pensamiento, a fin de unir esfuerzos para el logro de metas comunes en beneficio de la humanidad.
En cuanto al humanismo, el referido autor estima que el conocimiento científico debe ser el producto creado por individuos responsables, con un alto sentido de la moral y la ética en su desempeño como investigadores.
Cuando se analiza la “ética en la ciencia”, enmarcada en estos tres paradigmas, se puede apreciar que son numerosos los beneficios que, de manera responsable, el conocimiento científico ha reportado y continua reportando al progreso de la humanidad, a través de las distintas áreas del saber (medicina, tecnología, educación, entre otros). No obstante, es necesario tener presente que la ciencia no es siempre neutral, que en ocasiones puede obedecer a intereses políticos o económicos (por ejemplo cuando se crean armas biológicas con fines bélicos).
La única forma de evitar caer en el error de desviar el propósito de la ciencia de proteger la vida y contribuir al progreso del hombre es reconocer y asumir el carácter ético que en todo momento y en todo lugar debe prevalecer en cualquier actividad o proceso de generación de conocimiento científico.
Todo investigador, como un ser apegado a la moral, debe emplear su “inteligencia ética” para poner la ciencia al servicio del bienestar de la humanidad. Sólo de esta manera puede ser merecedor del calificativo de “investigador”.

Fuente Consultada:
Martin, V. (2008). Ética de la Ciencia. Revista Electrónica de Humanidades, Educación y Comunicación Social. Edición Nº 5, Año 3. Universidad Rafael Belloso Chacín. Venezuela. Disponible en http://www.dialnet.unirioja.es/servlet/fichero_artículo?codigo=2737292.pdf
[24/09/2011]

1 comentario:

  1. Hola María.
    Yo considero que todo científico debe fundamentar su labor en el humanismo, es decir debe trabajar en pro del bienestar común, por ello, las innovaciones, la moral, el amor a la vida y a lo que nos rodea deben ir de la mano para fomentar la felicidad de la sociedad.

    ResponderEliminar