jueves, 20 de octubre de 2011

Reflejo de los Paradigmas Consensuados en Educación

Prof. María E. Romero
En las ciencias sociales, especialmente en educación, la investigación ha estado orientada por la aplicación de diversos enfoques. En tal sentido, el conocimiento que desde el punto de vista pedagógico se ha obtenido hasta el presente proviene de los denominados tres “grandes paradigmas”, es decir el paradigma cuantitativo o positivista, el paradigma cualitativo y el paradigma sociocrítico. A continuación se presentan algunas reflexiones en relación a la implementación de estos tres paradigmas en el área educativa.
En lo que respecta al paradigma positivista, considera que la función social de la educación es dar respuesta al modelo socioeconómico del mercado. Es decir, concibe la educación como sinónimo de “capacitación” del hombre para su inserción en el aparato productivo del Estado. Por esta razón, el currículo se divide en áreas de conocimiento destinadas a la formación del individuo en una determinada especialidad. Esta perspectiva parcelada del conocimiento guarda relación con la visión fragmentada de la realidad que propone este paradigma.
Asimismo, clasifica la realidad en un sistema de variables que son “medidas” a través de pruebas objetivas (por ejemplo encuestas), las cuales son calificadas según criterios establecidos por el investigador y analizadas a través de la aplicación de métodos estadísticos. Por lo tanto, el investigador aborda los contextos educativos desde un punto de vista externo, es decir no está presente la intersubjetividad. Sin embargo, es importante señalar que este paradigma ha reportado beneficios en materia educativa, ya que ha resultado de gran utilidad para el estudio de problemas tales como los niveles de deserción escolar.
En relación al paradigma interpretativo, es importante señalar que concibe las instituciones educativas como una sociedad, con sus propios patrones de comportamiento, valores, habilidades, necesidades, motivaciones y creencias que son compartidos por las personas que integran estos espacios de formación académica. En contraste al paradigma anterior, en este caso el investigador se sumerge en la realidad educativa para estudiarla, asumiendo una actitud de respeto y valoración hacia los sujetos sociales, a fin de comprender e interpretar sus acciones, desde la perspectiva de los propios sujetos.
Una de las críticas más resaltantes en cuanto a este paradigma es que a diferencia del positivismo que está orientado a la generación de leyes, en el paradigma cualitativo la teoría emerge del propio contexto de estudio y es válida específicamente para ese contexto. No obstante, algunos aspectos contemplados en la teoría emergente pudieran servir de referente para otros estudios, aun cuando la transferencia nunca será al cien por ciento, pues cada realidad es única, con sus particularidades. También cabe destacar que los resultados obtenidos de las investigaciones bajo este paradigma han servido de base a los docentes para reorientar y mejorar su práctica educativa en los entornos donde se desenvuelven.
En lo tocante al paradigma sociocrítico, considera la educación como medio para la emancipación del hombre. Es una investigación orientada a la acción, a la superación de obstáculos que limiten el pleno desarrollo del ser humano. En este sentido, el docente está llamado a ser un investigador crítico- reflexivo, capaz de identificar problemas y de integrar todos los recursos necesarios para su solución, para la superación de situaciones adversas que afecten el entorno educativo.
Este paradigma guarda relación con el paradigma interpretativo en cuanto al aspecto humanista que lo caracteriza, sin embargo se diferencia en que parte de la comprensión de la realidad con el objeto de aplicar mecanismos que contribuyan a su transformación.
Ahora bien, ante la diversidad de alternativas para la investigación en educación se plantea la siguiente pregunta: ¿Cuál de estos paradigmas resulta más conveniente para el abordaje de contextos educativos?
Responder esta pregunta requiere de reflexión y de una mente abierta al cambio y a la integración. Tomando en consideración que cada uno de estos paradigmas ha dado respuesta a problemas en materia educativa, la mejor alternativa es asumir una postura crítica ante las ventajas que aporta cada paradigma y tomar de ellos aquellos aspectos que estén en consonancia con los objetivos planteados y que, en definitiva, contribuyan a solventar el problema. Se trata, en términos de Chacín (2008), de asumir el paradigma de la complejidad, en el cual se valora la diversidad y la necesidad del pluralismo. En otras palabras, sumergirse en la complejidad amerita reconocer, valorar y aplicar lo que cada paradigma puede aportar para satisfacer las demandas del entorno, cabe decir, para transformar y mejorar la realidad.

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