jueves, 20 de octubre de 2011
Hermeneutica de la Facticidad
http://www.slideshare.net/carl7/hermenutica-de-la-facticidad-heidegger
Nuevas Alternativas en Investigación
Prof. María E. Romero
El nuevo tiempo que estamos viviendo nos presenta nuevos desafíos científicos, nuevas situaciones que merecen ser investigadas. El centro de interés del conocimiento ya no se limita a aspectos propios de las ciencias naturales, por el contrario, ha trascendido hasta el campo de las ciencias sociales, y en este sentido se precisan nuevas formas de pensar y actuar científicamente. Lo que hasta hace poco fue considerado como el enfoque científico por excelencia, lógico-positivista, comienza a percibirse como insuficiente para explicar aspectos relacionados con el individuo, partiendo de la concepción del mismo como un ser bio-psico-social. En otras palabras, se ameritan nuevos enfoques, nuevas formas de concebir y abordar la realidad, en síntesis, se precisa de un nuevo paradigma.
Partiendo de esta premisa, Martinez (1993) plantea la integración del “pensamiento calculante” y el “pensamiento reflexivo” propuesto por Heidegger a través de un “paradigma universal” o “paradigma emergente”, también llamado “teoría global de la racionalidad”, el cual abarcaría la totalidad de todas las alternativas sistemáticas o metodológicas a partir de las cuales se genera el conocimiento.
En tal sentido, Martinez (ob.cit.) considera que un paradigma de tal naturaleza no podría limitarse a los conocimientos que se logran por deducción o por inducción, sino que se apoyaría en una matriz epistémica a partir de la cual se definen los métodos, técnicas y estrategias para investigar una determinada realidad. En otras palabras, se hace referencia a la creación de un espacio donde convergen aspectos interdisciplinarios y transdiciplinarios, donde los distintos enfoques metodológicos puedan relacionarse unos con otros, siendo necesario que en cada enfoque se reformulen las estructuras lógicas individuales que fueron establecidas independientemente del nuevo sistema o paradigma universal del cual van a formar parte, de manera tal que pueda establecerse la interconexión con todos los componentes o enfoques de este nuevo sistema global y se pueda constituir un entramado de relaciones coherente, sistémico e integral.
Martinez (ob.cit.) considera que el hombre está conformado por un "todo físico-químico-biológico-psicológico-social-cultural-espiritual" que funciona maravillosamente y que constituye su ser, su existencia, por lo tanto merece ser estudiado bajo un paradigma que integre todas estas dimensiones. Este autor hace una analogía interesante en relación al abordaje de realidades de naturaleza humana a partir del paradigma universal. Tal es el caso del estudio de un paciente que presenta una determinada patología. En este sentido, el examen médico no debería estar limitado al aspecto biológico, es de igual importancia considerar los aspectos psicosociales que de una u otra forma podrían estar influyendo en el desarrollo de la enfermedad. Cabe destacar que el abordaje de cada una de estas dimensiones del paciente (biológica, psicológica y social) bien puede ser hecho siguiendo distintos métodos, sin embargo, todos persiguen el mismo fin, es decir, el hallazgo de factores que guardan relación con la misma patología. Los resultados obtenidos permitirían responder eficazmente a la erradicación o mejoría de la situación problemática inicialmente diagnosticada, a partir del tratamiento integral de la misma.
De acuerdo con Martinez (ob. cit.), “la mente humana, en su actividad normal y cotidiana, sigue las líneas matrices de este nuevo paradigma. En efecto, en toda elección, la mente estudia, analiza, compara, evalúa y pondera los pro y los contra, las ventajas y desventajas de cada opción o alternativa, y su decisión es tanto más sabia cuantos más hayan sido los ángulos y perspectivas bajo los cuales haya sido analizado el problema en cuestión. Por consiguiente, la investigación científica con el nuevo paradigma consistiría, básicamente, en llevar este proceso natural a un mayor nivel de rigurosidad, de sistematicidad y de criticidad.”
En otras palabras, se trata de asumir una visión coherente, sistémica y ecológica (en el sentido de totalidad) del hecho que se va a investigar. Esta visión implica, por una parte, asumir una actitud de respeto hacia los distintos enfoques como representantes de una corriente de pensamiento y, por la otra, demanda una actitud de valoración en relación al aporte que cada uno de ellos pueda hacer para solucionar un determinado problema.
Naturalmente, es muy cierto lo que afirma el referido autor en relación al hecho de que estamos poco habituados al pensamiento sistémico-ecológico, que necesitamos un nuevo software para nuestro cerebro, y es que ciertamente, asumir este nuevo paradigma lleva implícito un profundo proceso de reflexión, de superación de nuestras concepciones en cuanto a la investigación, de desaprender y reaprender hacia el logro de una nueva forma de pensar y actuar; pero considero que lo importante es que ya hemos iniciado el camino, ya estamos dando los primeros pasos, ya estamos demostrando “disposición” al cambio, y esto es en definitiva “un importante avance”. De nosotros depende continuar el camino!.
El nuevo tiempo que estamos viviendo nos presenta nuevos desafíos científicos, nuevas situaciones que merecen ser investigadas. El centro de interés del conocimiento ya no se limita a aspectos propios de las ciencias naturales, por el contrario, ha trascendido hasta el campo de las ciencias sociales, y en este sentido se precisan nuevas formas de pensar y actuar científicamente. Lo que hasta hace poco fue considerado como el enfoque científico por excelencia, lógico-positivista, comienza a percibirse como insuficiente para explicar aspectos relacionados con el individuo, partiendo de la concepción del mismo como un ser bio-psico-social. En otras palabras, se ameritan nuevos enfoques, nuevas formas de concebir y abordar la realidad, en síntesis, se precisa de un nuevo paradigma.
Partiendo de esta premisa, Martinez (1993) plantea la integración del “pensamiento calculante” y el “pensamiento reflexivo” propuesto por Heidegger a través de un “paradigma universal” o “paradigma emergente”, también llamado “teoría global de la racionalidad”, el cual abarcaría la totalidad de todas las alternativas sistemáticas o metodológicas a partir de las cuales se genera el conocimiento.
En tal sentido, Martinez (ob.cit.) considera que un paradigma de tal naturaleza no podría limitarse a los conocimientos que se logran por deducción o por inducción, sino que se apoyaría en una matriz epistémica a partir de la cual se definen los métodos, técnicas y estrategias para investigar una determinada realidad. En otras palabras, se hace referencia a la creación de un espacio donde convergen aspectos interdisciplinarios y transdiciplinarios, donde los distintos enfoques metodológicos puedan relacionarse unos con otros, siendo necesario que en cada enfoque se reformulen las estructuras lógicas individuales que fueron establecidas independientemente del nuevo sistema o paradigma universal del cual van a formar parte, de manera tal que pueda establecerse la interconexión con todos los componentes o enfoques de este nuevo sistema global y se pueda constituir un entramado de relaciones coherente, sistémico e integral.
Martinez (ob.cit.) considera que el hombre está conformado por un "todo físico-químico-biológico-psicológico-social-cultural-espiritual" que funciona maravillosamente y que constituye su ser, su existencia, por lo tanto merece ser estudiado bajo un paradigma que integre todas estas dimensiones. Este autor hace una analogía interesante en relación al abordaje de realidades de naturaleza humana a partir del paradigma universal. Tal es el caso del estudio de un paciente que presenta una determinada patología. En este sentido, el examen médico no debería estar limitado al aspecto biológico, es de igual importancia considerar los aspectos psicosociales que de una u otra forma podrían estar influyendo en el desarrollo de la enfermedad. Cabe destacar que el abordaje de cada una de estas dimensiones del paciente (biológica, psicológica y social) bien puede ser hecho siguiendo distintos métodos, sin embargo, todos persiguen el mismo fin, es decir, el hallazgo de factores que guardan relación con la misma patología. Los resultados obtenidos permitirían responder eficazmente a la erradicación o mejoría de la situación problemática inicialmente diagnosticada, a partir del tratamiento integral de la misma.
De acuerdo con Martinez (ob. cit.), “la mente humana, en su actividad normal y cotidiana, sigue las líneas matrices de este nuevo paradigma. En efecto, en toda elección, la mente estudia, analiza, compara, evalúa y pondera los pro y los contra, las ventajas y desventajas de cada opción o alternativa, y su decisión es tanto más sabia cuantos más hayan sido los ángulos y perspectivas bajo los cuales haya sido analizado el problema en cuestión. Por consiguiente, la investigación científica con el nuevo paradigma consistiría, básicamente, en llevar este proceso natural a un mayor nivel de rigurosidad, de sistematicidad y de criticidad.”
En otras palabras, se trata de asumir una visión coherente, sistémica y ecológica (en el sentido de totalidad) del hecho que se va a investigar. Esta visión implica, por una parte, asumir una actitud de respeto hacia los distintos enfoques como representantes de una corriente de pensamiento y, por la otra, demanda una actitud de valoración en relación al aporte que cada uno de ellos pueda hacer para solucionar un determinado problema.
Naturalmente, es muy cierto lo que afirma el referido autor en relación al hecho de que estamos poco habituados al pensamiento sistémico-ecológico, que necesitamos un nuevo software para nuestro cerebro, y es que ciertamente, asumir este nuevo paradigma lleva implícito un profundo proceso de reflexión, de superación de nuestras concepciones en cuanto a la investigación, de desaprender y reaprender hacia el logro de una nueva forma de pensar y actuar; pero considero que lo importante es que ya hemos iniciado el camino, ya estamos dando los primeros pasos, ya estamos demostrando “disposición” al cambio, y esto es en definitiva “un importante avance”. De nosotros depende continuar el camino!.
Reflejo de los Paradigmas Consensuados en Educación
Prof. María E. Romero
En las ciencias sociales, especialmente en educación, la investigación ha estado orientada por la aplicación de diversos enfoques. En tal sentido, el conocimiento que desde el punto de vista pedagógico se ha obtenido hasta el presente proviene de los denominados tres “grandes paradigmas”, es decir el paradigma cuantitativo o positivista, el paradigma cualitativo y el paradigma sociocrítico. A continuación se presentan algunas reflexiones en relación a la implementación de estos tres paradigmas en el área educativa.
En lo que respecta al paradigma positivista, considera que la función social de la educación es dar respuesta al modelo socioeconómico del mercado. Es decir, concibe la educación como sinónimo de “capacitación” del hombre para su inserción en el aparato productivo del Estado. Por esta razón, el currículo se divide en áreas de conocimiento destinadas a la formación del individuo en una determinada especialidad. Esta perspectiva parcelada del conocimiento guarda relación con la visión fragmentada de la realidad que propone este paradigma.
Asimismo, clasifica la realidad en un sistema de variables que son “medidas” a través de pruebas objetivas (por ejemplo encuestas), las cuales son calificadas según criterios establecidos por el investigador y analizadas a través de la aplicación de métodos estadísticos. Por lo tanto, el investigador aborda los contextos educativos desde un punto de vista externo, es decir no está presente la intersubjetividad. Sin embargo, es importante señalar que este paradigma ha reportado beneficios en materia educativa, ya que ha resultado de gran utilidad para el estudio de problemas tales como los niveles de deserción escolar.
En relación al paradigma interpretativo, es importante señalar que concibe las instituciones educativas como una sociedad, con sus propios patrones de comportamiento, valores, habilidades, necesidades, motivaciones y creencias que son compartidos por las personas que integran estos espacios de formación académica. En contraste al paradigma anterior, en este caso el investigador se sumerge en la realidad educativa para estudiarla, asumiendo una actitud de respeto y valoración hacia los sujetos sociales, a fin de comprender e interpretar sus acciones, desde la perspectiva de los propios sujetos.
Una de las críticas más resaltantes en cuanto a este paradigma es que a diferencia del positivismo que está orientado a la generación de leyes, en el paradigma cualitativo la teoría emerge del propio contexto de estudio y es válida específicamente para ese contexto. No obstante, algunos aspectos contemplados en la teoría emergente pudieran servir de referente para otros estudios, aun cuando la transferencia nunca será al cien por ciento, pues cada realidad es única, con sus particularidades. También cabe destacar que los resultados obtenidos de las investigaciones bajo este paradigma han servido de base a los docentes para reorientar y mejorar su práctica educativa en los entornos donde se desenvuelven.
En lo tocante al paradigma sociocrítico, considera la educación como medio para la emancipación del hombre. Es una investigación orientada a la acción, a la superación de obstáculos que limiten el pleno desarrollo del ser humano. En este sentido, el docente está llamado a ser un investigador crítico- reflexivo, capaz de identificar problemas y de integrar todos los recursos necesarios para su solución, para la superación de situaciones adversas que afecten el entorno educativo.
Este paradigma guarda relación con el paradigma interpretativo en cuanto al aspecto humanista que lo caracteriza, sin embargo se diferencia en que parte de la comprensión de la realidad con el objeto de aplicar mecanismos que contribuyan a su transformación.
Ahora bien, ante la diversidad de alternativas para la investigación en educación se plantea la siguiente pregunta: ¿Cuál de estos paradigmas resulta más conveniente para el abordaje de contextos educativos?
Responder esta pregunta requiere de reflexión y de una mente abierta al cambio y a la integración. Tomando en consideración que cada uno de estos paradigmas ha dado respuesta a problemas en materia educativa, la mejor alternativa es asumir una postura crítica ante las ventajas que aporta cada paradigma y tomar de ellos aquellos aspectos que estén en consonancia con los objetivos planteados y que, en definitiva, contribuyan a solventar el problema. Se trata, en términos de Chacín (2008), de asumir el paradigma de la complejidad, en el cual se valora la diversidad y la necesidad del pluralismo. En otras palabras, sumergirse en la complejidad amerita reconocer, valorar y aplicar lo que cada paradigma puede aportar para satisfacer las demandas del entorno, cabe decir, para transformar y mejorar la realidad.
En las ciencias sociales, especialmente en educación, la investigación ha estado orientada por la aplicación de diversos enfoques. En tal sentido, el conocimiento que desde el punto de vista pedagógico se ha obtenido hasta el presente proviene de los denominados tres “grandes paradigmas”, es decir el paradigma cuantitativo o positivista, el paradigma cualitativo y el paradigma sociocrítico. A continuación se presentan algunas reflexiones en relación a la implementación de estos tres paradigmas en el área educativa.
En lo que respecta al paradigma positivista, considera que la función social de la educación es dar respuesta al modelo socioeconómico del mercado. Es decir, concibe la educación como sinónimo de “capacitación” del hombre para su inserción en el aparato productivo del Estado. Por esta razón, el currículo se divide en áreas de conocimiento destinadas a la formación del individuo en una determinada especialidad. Esta perspectiva parcelada del conocimiento guarda relación con la visión fragmentada de la realidad que propone este paradigma.
Asimismo, clasifica la realidad en un sistema de variables que son “medidas” a través de pruebas objetivas (por ejemplo encuestas), las cuales son calificadas según criterios establecidos por el investigador y analizadas a través de la aplicación de métodos estadísticos. Por lo tanto, el investigador aborda los contextos educativos desde un punto de vista externo, es decir no está presente la intersubjetividad. Sin embargo, es importante señalar que este paradigma ha reportado beneficios en materia educativa, ya que ha resultado de gran utilidad para el estudio de problemas tales como los niveles de deserción escolar.
En relación al paradigma interpretativo, es importante señalar que concibe las instituciones educativas como una sociedad, con sus propios patrones de comportamiento, valores, habilidades, necesidades, motivaciones y creencias que son compartidos por las personas que integran estos espacios de formación académica. En contraste al paradigma anterior, en este caso el investigador se sumerge en la realidad educativa para estudiarla, asumiendo una actitud de respeto y valoración hacia los sujetos sociales, a fin de comprender e interpretar sus acciones, desde la perspectiva de los propios sujetos.
Una de las críticas más resaltantes en cuanto a este paradigma es que a diferencia del positivismo que está orientado a la generación de leyes, en el paradigma cualitativo la teoría emerge del propio contexto de estudio y es válida específicamente para ese contexto. No obstante, algunos aspectos contemplados en la teoría emergente pudieran servir de referente para otros estudios, aun cuando la transferencia nunca será al cien por ciento, pues cada realidad es única, con sus particularidades. También cabe destacar que los resultados obtenidos de las investigaciones bajo este paradigma han servido de base a los docentes para reorientar y mejorar su práctica educativa en los entornos donde se desenvuelven.
En lo tocante al paradigma sociocrítico, considera la educación como medio para la emancipación del hombre. Es una investigación orientada a la acción, a la superación de obstáculos que limiten el pleno desarrollo del ser humano. En este sentido, el docente está llamado a ser un investigador crítico- reflexivo, capaz de identificar problemas y de integrar todos los recursos necesarios para su solución, para la superación de situaciones adversas que afecten el entorno educativo.
Este paradigma guarda relación con el paradigma interpretativo en cuanto al aspecto humanista que lo caracteriza, sin embargo se diferencia en que parte de la comprensión de la realidad con el objeto de aplicar mecanismos que contribuyan a su transformación.
Ahora bien, ante la diversidad de alternativas para la investigación en educación se plantea la siguiente pregunta: ¿Cuál de estos paradigmas resulta más conveniente para el abordaje de contextos educativos?
Responder esta pregunta requiere de reflexión y de una mente abierta al cambio y a la integración. Tomando en consideración que cada uno de estos paradigmas ha dado respuesta a problemas en materia educativa, la mejor alternativa es asumir una postura crítica ante las ventajas que aporta cada paradigma y tomar de ellos aquellos aspectos que estén en consonancia con los objetivos planteados y que, en definitiva, contribuyan a solventar el problema. Se trata, en términos de Chacín (2008), de asumir el paradigma de la complejidad, en el cual se valora la diversidad y la necesidad del pluralismo. En otras palabras, sumergirse en la complejidad amerita reconocer, valorar y aplicar lo que cada paradigma puede aportar para satisfacer las demandas del entorno, cabe decir, para transformar y mejorar la realidad.
Paradigmas de Investigación en Ciencias Sociales
Prof. María E. Romero
En la actualidad ha llegado a ser cotidiano el estado de confusión, ansiedad e incertidumbre que generan en los estudiantes los cursos de metodología de la investigación, especialmente en aquellos que comienzan a dar los primeros pasos en su formación como investigadores. Estas circunstancias tienen como origen los desacuerdos que existen en relación a la dimensión operativa de la investigación, particularmente en el terreno de las ciencias sociales.
Para ilustrar la situación anteriormente expuesta, resulta conveniente señalar las observaciones de Padrón (1992) cuando hace referencia a la preocupación de los estudiantes ante dos profesores de metodología de la investigación que les enseñan y exigen cosas opuestas e incompatibles entre sí, o ante un jurado de tesis cuyos miembros manifiestan juicios inconciliables.
A juicio del referido autor, uno de los principales desacuerdos que existen en la investigación en las ciencias sociales es el referido al “paradigma”. Este desacuerdo se manifiesta en la propuesta de interrogantes tales como: ¿ciencias naturales vs ciencias del espíritu?, ¿explicación o interpretación?, ¿evidencias vs vivencias?, ¿objetividad vs intersubjetividad?, entre otras.
Estas interrogantes hacen alusión a la actual dicotomía entre la investigación cualitativa y la investigación cuantitativa. Según Padrón (ob.cit.), esta dicotomía tiene su génesis en la connotación que se le ha otorgado al término “paradigma”, el cual ha sido históricamente utilizado para hacer referencia a un “movimiento científico” que posteriormente era reemplazado por otro, y así sucesivamente cada nuevo movimiento sustituía al vigente, dando lugar a una “revolución científica”. Es precisamente este enfrentamiento entre paradigmas lo que ha originado una serie de desacuerdos al momento de asumir una postura con respecto a la orientación de las investigaciones desarrolladas en el campo de las ciencias sociales, ya que mientras algunos investigadores consideran que pueden ser de carácter cuantitativo, otros manifiestan que deberían ser de naturaleza cualitativa.
Ante tales circunstancias, Padrón (ob.cit.) propone la apertura de un espacio de reflexión que permita superar las polémicas en materia de investigación desde los niveles más bajos de formación de investigadores, cabe decir, los cursos de metodología. En tal sentido, este autor plantea la creación de un Programa Unificado de Formación de Investigadores en Ciencias Sociales, el cual consiste en una propuesta de orden curricular dirigida a docentes y estudiantes en el área de metodología de la investigación, orientada a resolver los desacuerdos anteriormente planteados y llegar a niveles de entendimiento y consenso que permitan responder eficazmente a las necesidades o demandas del entorno.
Es importante destacar que este programa constituye una alternativa viable y pertinente para la formación de investigadores en un clima de respeto y tolerancia ante las diferentes corrientes de pensamiento, ya que ofrece a los estudiantes la posibilidad de conocer distintas alternativas en materia de investigación desde un punto de vista crítico. Esto les permitirá estar en capacidad de asumir una postura al momento de abordar científicamente una determinada realidad. En síntesis, el conocimiento profundo sobre la investigación, el establecimiento de un criterio propio como investigador y el respeto a las posturas ajenas constituyen las claves de la eficiencia de un programa de formación de investigadores.
En la actualidad ha llegado a ser cotidiano el estado de confusión, ansiedad e incertidumbre que generan en los estudiantes los cursos de metodología de la investigación, especialmente en aquellos que comienzan a dar los primeros pasos en su formación como investigadores. Estas circunstancias tienen como origen los desacuerdos que existen en relación a la dimensión operativa de la investigación, particularmente en el terreno de las ciencias sociales.
Para ilustrar la situación anteriormente expuesta, resulta conveniente señalar las observaciones de Padrón (1992) cuando hace referencia a la preocupación de los estudiantes ante dos profesores de metodología de la investigación que les enseñan y exigen cosas opuestas e incompatibles entre sí, o ante un jurado de tesis cuyos miembros manifiestan juicios inconciliables.
A juicio del referido autor, uno de los principales desacuerdos que existen en la investigación en las ciencias sociales es el referido al “paradigma”. Este desacuerdo se manifiesta en la propuesta de interrogantes tales como: ¿ciencias naturales vs ciencias del espíritu?, ¿explicación o interpretación?, ¿evidencias vs vivencias?, ¿objetividad vs intersubjetividad?, entre otras.
Estas interrogantes hacen alusión a la actual dicotomía entre la investigación cualitativa y la investigación cuantitativa. Según Padrón (ob.cit.), esta dicotomía tiene su génesis en la connotación que se le ha otorgado al término “paradigma”, el cual ha sido históricamente utilizado para hacer referencia a un “movimiento científico” que posteriormente era reemplazado por otro, y así sucesivamente cada nuevo movimiento sustituía al vigente, dando lugar a una “revolución científica”. Es precisamente este enfrentamiento entre paradigmas lo que ha originado una serie de desacuerdos al momento de asumir una postura con respecto a la orientación de las investigaciones desarrolladas en el campo de las ciencias sociales, ya que mientras algunos investigadores consideran que pueden ser de carácter cuantitativo, otros manifiestan que deberían ser de naturaleza cualitativa.
Ante tales circunstancias, Padrón (ob.cit.) propone la apertura de un espacio de reflexión que permita superar las polémicas en materia de investigación desde los niveles más bajos de formación de investigadores, cabe decir, los cursos de metodología. En tal sentido, este autor plantea la creación de un Programa Unificado de Formación de Investigadores en Ciencias Sociales, el cual consiste en una propuesta de orden curricular dirigida a docentes y estudiantes en el área de metodología de la investigación, orientada a resolver los desacuerdos anteriormente planteados y llegar a niveles de entendimiento y consenso que permitan responder eficazmente a las necesidades o demandas del entorno.
Es importante destacar que este programa constituye una alternativa viable y pertinente para la formación de investigadores en un clima de respeto y tolerancia ante las diferentes corrientes de pensamiento, ya que ofrece a los estudiantes la posibilidad de conocer distintas alternativas en materia de investigación desde un punto de vista crítico. Esto les permitirá estar en capacidad de asumir una postura al momento de abordar científicamente una determinada realidad. En síntesis, el conocimiento profundo sobre la investigación, el establecimiento de un criterio propio como investigador y el respeto a las posturas ajenas constituyen las claves de la eficiencia de un programa de formación de investigadores.
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