Prof. María E. Romero
Hablar de ética asociada a la ciencia es hacer referencia al uso responsable del conocimiento científico en beneficio de la humanidad, ya que desde un punto de vista ético, el conocimiento es considerado como un medio para el progreso del hombre.
La relación entre ética y ciencia ha ido cobrando importancia progresivamente en el devenir histórico, hasta el punto de que en la actualidad se emplea el término “inteligencia ética de la ciencia”, el cual ha sido propuesto por autores tales como Martín (2008), para referirse a la intervención de los valores morales en el abordaje científico de problemas sociales.
El referido autor plantea el significado de la “inteligencia ética” tomando en consideración las ideas propuestas por Gardner (2000), quien define la inteligencia como un potencial biopsicológico para procesar información que se puede activar en un marco cultural, con el objeto de resolver problemas o crear productos que tienen valor para una cultura.
Partiendo de esta definición, Martín (ob.cit.) señala que en el contexto de la ciencia la inteligencia ética orienta el conocimiento científico como una actividad de sujetos moralmente responsables. En otras palabras, orienta el pensamiento crítico del investigador en relación a la actividad que realiza, desde una óptica de valoración del ser humano, considerando la forma en la cual el hombre puede ser afectado. De igual manera, esta inteligencia guía la conducta del investigador hacia la preservación de la vida, a nivel individual, social y ambiental.
Por otra parte, Martín (ob.cit.) analiza la inteligencia ética en la ciencia, asociada con el desempeño humano, desde la perspectiva de los paradigmas centrados en la bioética, la complejidad y el humanismo.
En relación al paradigma biocéntrico, este autor considera que el conocimiento científico debe estar dirigido a la búsqueda, descubrimiento e implementación de mecanismos que promuevan una relación armónica y equilibrada del hombre con la naturaleza, con el objeto de que pueda asumir una actitud de respeto, valoración y protección de la vida.
En lo que respecta al paradigma de la complejidad, Martin (ob. cit.) plantea que el conocimiento científico debe ser nutrido por la inteculturalidad, en un sentido de aceptación y tolerancia de la diversidad, del pluralismo que nos diferencia y al mismo tiempo nos integra en la búsqueda de un punto de encuentro, de equilibrio, de coincidencia, tanto en el pensar como en el actuar.
En atención a este planteamiento, cabe destacar que la jurisprudencia, es decir los organismos que establecen la normativa legal en materia de investigación a nivel internacional, nacional, regional, local o institucional, pueden servir de mediadores para la integración de la pluralidad, mediante el establecimiento de pautas de acción que deben ser asumidas por investigadores provenientes de diferentes contextos y pertenecientes a distintas corrientes de pensamiento, a fin de unir esfuerzos para el logro de metas comunes en beneficio de la humanidad.
En cuanto al humanismo, el referido autor estima que el conocimiento científico debe ser el producto creado por individuos responsables, con un alto sentido de la moral y la ética en su desempeño como investigadores.
Cuando se analiza la “ética en la ciencia”, enmarcada en estos tres paradigmas, se puede apreciar que son numerosos los beneficios que, de manera responsable, el conocimiento científico ha reportado y continua reportando al progreso de la humanidad, a través de las distintas áreas del saber (medicina, tecnología, educación, entre otros). No obstante, es necesario tener presente que la ciencia no es siempre neutral, que en ocasiones puede obedecer a intereses políticos o económicos (por ejemplo cuando se crean armas biológicas con fines bélicos).
La única forma de evitar caer en el error de desviar el propósito de la ciencia de proteger la vida y contribuir al progreso del hombre es reconocer y asumir el carácter ético que en todo momento y en todo lugar debe prevalecer en cualquier actividad o proceso de generación de conocimiento científico.
Todo investigador, como un ser apegado a la moral, debe emplear su “inteligencia ética” para poner la ciencia al servicio del bienestar de la humanidad. Sólo de esta manera puede ser merecedor del calificativo de “investigador”.
Fuente Consultada:
Martin, V. (2008). Ética de la Ciencia. Revista Electrónica de Humanidades, Educación y Comunicación Social. Edición Nº 5, Año 3. Universidad Rafael Belloso Chacín. Venezuela. Disponible en http://www.dialnet.unirioja.es/servlet/fichero_artículo?codigo=2737292.pdf
[24/09/2011]
viernes, 30 de septiembre de 2011
¿Que significa pensar?
Prof. María E. Romero
¿Qué es pensar?. Los seres humanos, por lo general, no nos formulamos esta pregunta, solo estamos inmersos en la tarea del “pensar”. A menudo nos definimos como “seres pensantes”, pero casi nunca nos detenemos a pensar acerca del “pensar”, a meditar sobre el significado que este término encierra.
De igual manera, cuando tratamos de dar respuesta a la interrogante anteriormente planteada comúnmente recurrimos a los que otros han dicho con respecto al tema, en lugar de intentar formular un concepto, tarea que, por cierto, se perfila un tanto complicada. Es así como, a través del presente análisis, trataremos de encontrar el significado del término “”pensar” basándonos en las ideas propuestas por Heidegger, para luego aproximarnos al enunciado de una definición propia.
Etimológicamente, la palabra “pensar” proviene del latín “pensare”, que significa “pesar”. En este sentido, “pensar” se asocia con términos tales como reflexionar, meditar, evaluar, considerar, entre otros, para hacer referencia a habilidades inmanentes al pensamiento como facultad del ser humano.
En relación a la facultad de pensamiento, Heidegger afirma que “nosotros únicamente somos capaces de pensar aquello que nos gusta, aquellos a lo que estamos afectos en tanto que lo dejamos venir, aquello que es tomado en consideración”. Igualmente señala que “lo que da que pensar” no es en modo alguno algo que empecemos estableciendo nosotros, De estas ideas se puede deducir que existen detonantes del pensamiento, y esos detonantes están representados por aquellos estímulos que nos rodean, que despiertan nuestro interés y captan nuestra atención, es decir, que nos llevan a pensar.
No obstante, Heidegger considera que el hombre puede tener la posibilidad de pensar, pero esta posibilidad no garantiza que sea capaz de hacerlo. Según este autor, “hasta ahora no hemos entrado en la esencia propia del pensar”. En lo que respecta a este planteamiento, es importante destacar que Heidegger no está manifestando que los seres humanos no piensan, más bien está señalando que hasta el momento no han pensado de un modo propio.
Tratando de buscar argumentos que expliquen o den razón del por qué no pensamos de un modo propio, Heidegger señala como principales causas el descuido y la negligencia del hombre. También señala que esta falta debería ser corregida por medio de unas medidas adecuadas que se apliquen al ser humano.
Ahora bien, ¿Cuáles son esas medidas?
Heidegger sugiere que tenemos que estar preparados para “aprender el pensar”.
Y ¿Cómo aprendemos el pensar?
De acuerdo con este autor, lo que quiere decir “nadar” no lo aprendemos de un tratado sobre la natación; lo que quiere decir “nadar” nos lo dice el salto al río. En síntesis, a “nadar” se aprende nadando, hecho que no sólo denota disposición sino también acción. En relación al “pensar”, este autor señala que llegaremos a aquello que quiere decir “pensar” si nosotros, por nuestra parte, pensamos; y que aprendemos a pensar cuando atendemos a aquello que da que pensar. Esto significa que a “pensar” aprendemos pensando sobre lo que en nuestro entorno es preocupante o debe ser considerado.
Como puede apreciarse, el “pensar” lleva implícita la acción, y lo observamos en el hecho de que no podemos quedarnos en la sola percepción de aquello que nos da que pensar, es también necesario reflexionar sobre la manera en la que podemos ocuparnos de ello, bien sea para reforzarlo (en caso de ser positivo), transformarlo o extinguirlo (si es negativo), según sea la relación que guarde con nuestra esencia de seres humanos. Desde esta perspectiva, el “pensar” trasciende el plano de las ideas para llegar a la realidad, donde las mismas se materializan.
Partiendo de las premisas anteriores, llegamos a lo que Heidegger considera como el rasgo fundamental que hasta el presente ha caracterizado el “pensar”, esto es la “representación”. Al respecto este autor señala: “El pensar aporta lo presente llevándolo a la relación que tiene con nosotros, lo restablece refiriéndolo a nosotros. La presentación es por ello representación”.
En atención a estas ideas, el pensar es considerado como aquello que nos permite percibir, interpretar y representar en nuestra memoria el mundo que nos rodea y el tiempo en que vivimos, a partir de la relación con ese espacio y ese tiempo en el que estamos inmersos.
De acuerdo con Heidegger, el hecho de que hasta ahora el pensar descansa en el representar se debe a la historia acontecida, al curso entero de la historia como presencia, es decir, como suceso. En otras palabras, esto se debe a lo que a través de la historia hemos heredado, a los hechos que se han establecido como verdades, y que al asumirlos como tal, influyen de una u otra forma en la representación que elaboramos del mundo.
Quizás sea esta la razón por la que Heidegger concluye afirmando que “todavía no pensamos de un modo propio”, y deja abierta la interrogante: ¿Qué quiere decir pensar?, a fin de que continuemos reflexionando y meditando sobre ello.
Para Heidegger, “el presente que prevalece en el estar presente es un carácter del tiempo. Pero la esencia de éste no se deja aprehender por medio del concepto de tiempo heredado de la tradición.” Esto quiere decir que el presente guarda relación con el pasado, con el devenir histórico, pero no puede ser absorbido por éste. El presente es el mundo con todo lo que el mismo “da que pensar”, y es aquí donde Heidegger nos exhorta a “pensar de un modo propio”, ya que ello determinará si continuamos apegados al pasado o si en definitiva decidimos cambiar el curso de la historia, decidimos cambiar la realidad del presente con miras hacia el porvenir, siendo necesario asumir un pensamiento ligado a la acción.
Partiendo de la premisa de que el “pensar” lleva implícita la idea del “actuar”, cabe preguntarnos si en nuestro tiempo, que por cierto da mucho que pensar, estamos aplicando lo que Heidegger denomina “el pensar de un modo propio”. ¿Pensamos de un modo propio cuando en el desenfrenado afán por el progreso creamos productos, artefactos implementos, maquinas, herramientas, en fin objetos, sin detenernos a reflexionar sobre el impacto que las mismas pueden tener sobre el género humano y su hábitat natural?, ¿Pensamos de un modo propio cuando la ambición desmedida por el poder nos lleva a destruirnos unos a otros a través de una de las plagas más terribles creadas por el hombre, la cual ha llamado “guerra”? ¿Pensamos de un modo propio cuando creamos para la destrucción?...evidentemente no, y no se trata de que no pensemos, es que no estamos pensando de un modo propio.
Si comparamos estas ideas con lo manifestado por Hölderin, citado por Heidegger, podríamos deducir algo interesante. Dice Hölderin en un esbozo de himno:
"Un signo somos, sin interpretación
sin dolor estamos nosotros y
casi hemos perdido la lengua en lo extraño"
De este planteamiento se deduce que cuando no pensamos de un modo propio carecemos de “dolor”, que para efectos del presente análisis denominaremos “conciencia”, destacando de esta manera un rasgo del “pensar de un modo propio”, el “pensar con conciencia”.
Por otra parte, en un verso de las estrofas tituladas “Sócrates y Alcibíades”, Hölderin expresa:
“Quién pensó lo más profundo, éste ama lo más vivo”
A partir de este verso podemos inferir que “el pensar de un modo propio” no puede estar solamente confinado a los límites de la razón, guarda también relación con el plano del sentir del ser humano, el dominio de las emociones, de los sentimientos, que también pueden influir y determinar “el pensar”.
Para concluir, a pesar de que Heidegger deja abierta la interrogante sobre el significado del pensar, es mucho lo que podemos obtener de las ideas planteadas por este autor para aproximarnos a una respuesta a esa pregunta. En tal sentido, “el pensar” puede ser considerado como una facultad para interpretar, comprender y representar el mundo, como un medio para relacionarnos con el mundo y como una forma de actuar sobre el mundo. Pero no se trata solo de “pensar”, es necesario meditar sobre “el pensar”, a fin de que aprendamos a “pensar de un modo propio”, cabe decir, pensar con conciencia.
Fuente Consultada:
Heidegger, M. (s/f). ¿Qué quiere decir Pensar?
Disponible en http://www.heideggeriana.com.ar/textos/decir_pensar.htm
[24/09/2011]
¿Qué es pensar?. Los seres humanos, por lo general, no nos formulamos esta pregunta, solo estamos inmersos en la tarea del “pensar”. A menudo nos definimos como “seres pensantes”, pero casi nunca nos detenemos a pensar acerca del “pensar”, a meditar sobre el significado que este término encierra.
De igual manera, cuando tratamos de dar respuesta a la interrogante anteriormente planteada comúnmente recurrimos a los que otros han dicho con respecto al tema, en lugar de intentar formular un concepto, tarea que, por cierto, se perfila un tanto complicada. Es así como, a través del presente análisis, trataremos de encontrar el significado del término “”pensar” basándonos en las ideas propuestas por Heidegger, para luego aproximarnos al enunciado de una definición propia.
Etimológicamente, la palabra “pensar” proviene del latín “pensare”, que significa “pesar”. En este sentido, “pensar” se asocia con términos tales como reflexionar, meditar, evaluar, considerar, entre otros, para hacer referencia a habilidades inmanentes al pensamiento como facultad del ser humano.
En relación a la facultad de pensamiento, Heidegger afirma que “nosotros únicamente somos capaces de pensar aquello que nos gusta, aquellos a lo que estamos afectos en tanto que lo dejamos venir, aquello que es tomado en consideración”. Igualmente señala que “lo que da que pensar” no es en modo alguno algo que empecemos estableciendo nosotros, De estas ideas se puede deducir que existen detonantes del pensamiento, y esos detonantes están representados por aquellos estímulos que nos rodean, que despiertan nuestro interés y captan nuestra atención, es decir, que nos llevan a pensar.
No obstante, Heidegger considera que el hombre puede tener la posibilidad de pensar, pero esta posibilidad no garantiza que sea capaz de hacerlo. Según este autor, “hasta ahora no hemos entrado en la esencia propia del pensar”. En lo que respecta a este planteamiento, es importante destacar que Heidegger no está manifestando que los seres humanos no piensan, más bien está señalando que hasta el momento no han pensado de un modo propio.
Tratando de buscar argumentos que expliquen o den razón del por qué no pensamos de un modo propio, Heidegger señala como principales causas el descuido y la negligencia del hombre. También señala que esta falta debería ser corregida por medio de unas medidas adecuadas que se apliquen al ser humano.
Ahora bien, ¿Cuáles son esas medidas?
Heidegger sugiere que tenemos que estar preparados para “aprender el pensar”.
Y ¿Cómo aprendemos el pensar?
De acuerdo con este autor, lo que quiere decir “nadar” no lo aprendemos de un tratado sobre la natación; lo que quiere decir “nadar” nos lo dice el salto al río. En síntesis, a “nadar” se aprende nadando, hecho que no sólo denota disposición sino también acción. En relación al “pensar”, este autor señala que llegaremos a aquello que quiere decir “pensar” si nosotros, por nuestra parte, pensamos; y que aprendemos a pensar cuando atendemos a aquello que da que pensar. Esto significa que a “pensar” aprendemos pensando sobre lo que en nuestro entorno es preocupante o debe ser considerado.
Como puede apreciarse, el “pensar” lleva implícita la acción, y lo observamos en el hecho de que no podemos quedarnos en la sola percepción de aquello que nos da que pensar, es también necesario reflexionar sobre la manera en la que podemos ocuparnos de ello, bien sea para reforzarlo (en caso de ser positivo), transformarlo o extinguirlo (si es negativo), según sea la relación que guarde con nuestra esencia de seres humanos. Desde esta perspectiva, el “pensar” trasciende el plano de las ideas para llegar a la realidad, donde las mismas se materializan.
Partiendo de las premisas anteriores, llegamos a lo que Heidegger considera como el rasgo fundamental que hasta el presente ha caracterizado el “pensar”, esto es la “representación”. Al respecto este autor señala: “El pensar aporta lo presente llevándolo a la relación que tiene con nosotros, lo restablece refiriéndolo a nosotros. La presentación es por ello representación”.
En atención a estas ideas, el pensar es considerado como aquello que nos permite percibir, interpretar y representar en nuestra memoria el mundo que nos rodea y el tiempo en que vivimos, a partir de la relación con ese espacio y ese tiempo en el que estamos inmersos.
De acuerdo con Heidegger, el hecho de que hasta ahora el pensar descansa en el representar se debe a la historia acontecida, al curso entero de la historia como presencia, es decir, como suceso. En otras palabras, esto se debe a lo que a través de la historia hemos heredado, a los hechos que se han establecido como verdades, y que al asumirlos como tal, influyen de una u otra forma en la representación que elaboramos del mundo.
Quizás sea esta la razón por la que Heidegger concluye afirmando que “todavía no pensamos de un modo propio”, y deja abierta la interrogante: ¿Qué quiere decir pensar?, a fin de que continuemos reflexionando y meditando sobre ello.
Para Heidegger, “el presente que prevalece en el estar presente es un carácter del tiempo. Pero la esencia de éste no se deja aprehender por medio del concepto de tiempo heredado de la tradición.” Esto quiere decir que el presente guarda relación con el pasado, con el devenir histórico, pero no puede ser absorbido por éste. El presente es el mundo con todo lo que el mismo “da que pensar”, y es aquí donde Heidegger nos exhorta a “pensar de un modo propio”, ya que ello determinará si continuamos apegados al pasado o si en definitiva decidimos cambiar el curso de la historia, decidimos cambiar la realidad del presente con miras hacia el porvenir, siendo necesario asumir un pensamiento ligado a la acción.
Partiendo de la premisa de que el “pensar” lleva implícita la idea del “actuar”, cabe preguntarnos si en nuestro tiempo, que por cierto da mucho que pensar, estamos aplicando lo que Heidegger denomina “el pensar de un modo propio”. ¿Pensamos de un modo propio cuando en el desenfrenado afán por el progreso creamos productos, artefactos implementos, maquinas, herramientas, en fin objetos, sin detenernos a reflexionar sobre el impacto que las mismas pueden tener sobre el género humano y su hábitat natural?, ¿Pensamos de un modo propio cuando la ambición desmedida por el poder nos lleva a destruirnos unos a otros a través de una de las plagas más terribles creadas por el hombre, la cual ha llamado “guerra”? ¿Pensamos de un modo propio cuando creamos para la destrucción?...evidentemente no, y no se trata de que no pensemos, es que no estamos pensando de un modo propio.
Si comparamos estas ideas con lo manifestado por Hölderin, citado por Heidegger, podríamos deducir algo interesante. Dice Hölderin en un esbozo de himno:
"Un signo somos, sin interpretación
sin dolor estamos nosotros y
casi hemos perdido la lengua en lo extraño"
De este planteamiento se deduce que cuando no pensamos de un modo propio carecemos de “dolor”, que para efectos del presente análisis denominaremos “conciencia”, destacando de esta manera un rasgo del “pensar de un modo propio”, el “pensar con conciencia”.
Por otra parte, en un verso de las estrofas tituladas “Sócrates y Alcibíades”, Hölderin expresa:
“Quién pensó lo más profundo, éste ama lo más vivo”
A partir de este verso podemos inferir que “el pensar de un modo propio” no puede estar solamente confinado a los límites de la razón, guarda también relación con el plano del sentir del ser humano, el dominio de las emociones, de los sentimientos, que también pueden influir y determinar “el pensar”.
Para concluir, a pesar de que Heidegger deja abierta la interrogante sobre el significado del pensar, es mucho lo que podemos obtener de las ideas planteadas por este autor para aproximarnos a una respuesta a esa pregunta. En tal sentido, “el pensar” puede ser considerado como una facultad para interpretar, comprender y representar el mundo, como un medio para relacionarnos con el mundo y como una forma de actuar sobre el mundo. Pero no se trata solo de “pensar”, es necesario meditar sobre “el pensar”, a fin de que aprendamos a “pensar de un modo propio”, cabe decir, pensar con conciencia.
Fuente Consultada:
Heidegger, M. (s/f). ¿Qué quiere decir Pensar?
Disponible en http://www.heideggeriana.com.ar/textos/decir_pensar.htm
[24/09/2011]
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)